Desbordante estuvo el Dulcamara del barítono lombardo Ambrogio Maestri, quien le dio al personaje del embaucador un reflejo melancólico, nostálgico, quizás apegándose al modelo, que el bien conoce, del Falstaff verdiano. Su Dulcamara aturdió a los transeúntes con un volumen considerable, pero su expresión facial no lo hizo parecer tan desvergonzado como frecuentemente se representa. La participación de Gabriele Viviani fue en crescendo, como un simpático Belcore de timbre franco y directo pero con una entonación que no estuvo a fuego durante su aria. Donato Renzetti guió al optimo conjunto scaligero (¡con un coro que estuvo coro estuvo magnífico en esta ocasión!) sin particular fantasía, remarcando principalmente la brillantez de la partitura en detrimento de su alma mas íntima y elegíaca.
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